Carnaval, carnaval, carnaval....te quiero

Nunca he sido muy carnavalera, pero he de reconocer que a los niños les encanta disfrazarse. Soy más partidaria de fabricar nuestros propios disfraces o en su defecto, reciclar y reutilizar lo que tenemos en casa o sacarle partido a lo que nos presten. Este año, el tema del carnaval en el cole ha sido los oficios y a mi pedanía, en concreto, le ha tocado el disfraz de marinero. Los precios oscilaban entre diez y trece euros. Al final opté por comprar uno de los modelos, y el otro, que no quedaba bien, porque era demasiado grande por talla,  lo hicimos de fabricación casera. Quedó tan bonito, que servirá para vestir de domingo, ya que el estilo marinero, se lleva y está de moda. Lo complementé con una gorra roja, que heredé de mi familia francesa y quedó fantásticamente bien.

En realidad no hace falta mucho dinero para crear un disfraz original. Todavía recuerdo la brillante idea que tuvieron en la guardería hace ya algunos años, cuando pidieron a los padres de los niños que los lleváramos vestidos de blanco. Con un par de bolsas de basura blancas, cartulina azul y naranja y una pañoleta de plástico de este último color, consiguieron un estupendo disfraz de cocinero-chef.


Además, los libros de texto, suelen llevar recursos para trabajar la fiesta de carnaval. Este año me ha encantado la propuesta del grupo Anaya con su máscara de Papelotes, la mascota de la clase y de Santillana, una original máscara de lobo feroz, que incluso da un poco de miedo. También muy bonita, la cinta de cartulina con elástico y plumas de indio, que han pintado los propios niños y que algunas veces también utilizan los maestros para trabajar el día de la Hispanidad, el 12 de octubre.




Todos los pueblos suelen organizar fiestas infantiles de carnaval para que los niños desfilen con sus colegios o vayan por libre con otro disfraz. Huércal-Overa, no fue menos, pero para mi gusto, demasiada gente para tan pocas atracciones. Incluso diría que hasta peligroso para un pueblo de nuestras dimensiones. Al final optamos por irnos al parque público y de este modo, evitar música alta, pisotones y colas interminables.



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