Flamenquines caseros

Una receta andaluza que me encanta es la de los flamenquines. La primera vez que los probé y descubrí fue en el mesón Serranito de Sevilla, durante mi etapa universitaria. Ese primer año también tuve oportunidad de probarlos en Córdoba, junto a dos compañeros de la facultad, Carmen y José Luis. Fue muy gracioso, porque en ese bar, mientras degustábamos un rico flamenquín con salmorejo y berenjenas con miel, le dí sin darme cuenta, un buen pisotón en la barra a un conocido locutor, ya fallecido, y mi primera reacción fue: ¡Coño, Constantino Romero!. En posteriores años, probé más flamenquines o pollones, como los llamaban en Andújar, y los de Jaén no tienen nada que envidiar a los de las demás provincias. Los más buenos que he probado yo en mi vida, los hacía la madre de unos amigos de Andújar, que los preparaba para la romería de la Virgen de la Cabeza. Jaén y Córdoba rivalizan en situar el origen de esta receta en su territorio. Además, existe un estudio de la Universidad de Córdoba que los sitúa en esta provincia en la época medieval. Sin embargo la versión más extendida es la de atribuir la invención de los “flamenquines” a Manuel Gavilán, propietario de un bar en la localidad jienense de Andújar. En los años 40, Manuel Gavilán creó los "flamenquines” enrollando filetes de cerdo, rellenándolos de jamón y dándoles finalmente un toque de rebozado. La carne de cerdo la maceraba en “fino” andaluz (vino blanco seco) unas horas antes de cocinarla, lo que le daba un sabor diferente y especial. Hay flamenquines precocinados en los supermercados y con 
ciertas variaciones a la receta original. Se pueden elaborar sin macerado, con carne de ternera o pollo, con jamón de york o salchichas Frankfurt, y también son muy comunes los que llevan queso añadido en el relleno. 



Es una receta muy sencilla de preparar, y constituyen un plato principal muy suculento, para la comida de mediodía. Los puedes acompañar con una guarnición de patatas fritas, verdura o ensalada o salmorejo.  A los peques de la casa les encanta este tipo de presentaciones de la carne. Al menos, mis niños todo lo que sea carne rebozada se lo comen sin rechistar.
En Jaén y Córdoba, preparan flamenquines muy largos, pero yo los veo poco manejables a la hora de montarlos y luego freirlos. 
El papá de mis peques implicó a los niños en su elaboración. Los puso sentados en una mesa pequeña y les explicó el proceso y ellos, la mar de concentrados, preparando flamenquines. Les encanta ayudar en la cocina a estos pequeños master chefs, que tenemos en casa.
Proceso de elaboración
Al librito de lomo, que nos ha cortado el carnicero bien finito, después de salpimentarlo, le añadimos, una loncha de jamón serrano, otra de jamón york y por último, una loncha de queso para fundir. Los enrollamos como si fueran rulos y los cerramos con la ayuda de palillos de madera. Los rebozamos en huevo y pan rallado con ajo y perejil y los freímos en abundante aceite de oliva virgen extra bien caliente. En papel absorbente de cocina, escurrimos los flamenquines para que suelten el exceso de aceite.
Para la guarnición, unas patatas fritas con alioli, ensalada o salmorejo. Los flamenquines que te sobren también puedes congelarlos sin freir, que en más de una ocasión, te podrán sacar de algún apuro, cuando ese día no tengas tanto tiempo de preparar la comida como Dios manda. Sin necesidad de descongelarlos, bastará luego con ponerlos a freir en aceite de oliva bien caliente.
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