¡Manos a la plastilina!

A los niños les encanta jugar con plastilina. Yo suelo tener siempre botes de plastilina en casa, porque hace volar la imaginación de mis peques, abriendo infinitas ventanas al juego y porque estimula la motricidad fina, y la concentración y vena artística. Me gusta más la plastilina que venden dentro de botes de plástico, porque toda vez que el niño termina de jugar con ella, la volvemos a meter en el tarro y no se pone tan dura, como la que va en envase de plástico y luego guardamos. En Toy Planet hay un estuche de cuatro botes bastante económico. También me gusta la de la marca italiana Giotto, que puedes encontrar en jugueterías o papelerías.


A los niños les encanta crear y moldear sus propias formas y figuras y pasan un rato distraído y ameno
Hemos creado en casa, nuestro propio maletín de la plastilina, utilizando una caja vacía dividida en compartimentos, de color azul, de Ikea y en la que hemos ido añadiendo varios cortadores y moldes, gubias o utensilios para cortar y dar forma a la plastilina y un rodillo para amasar, que compré en la librería.


Es asombroso observar cómo se concentran los niños cuando moldean la plastilina. Las grandes mentes empiezan pequeñas.


En esta ocasión, la pequeña Gabriela me ha preparado una merienda imaginaria con pastitas de té, hechas de plastilina, que ha servido en una bandeja dorada, acompañándola de una tetera, dos platitos con dulces, dos copas de helado y tres vasos para el champán. Otro día buscaré, cuando tenga tiempo, pasta de plastilina comestible, para que nos podamos comer las pastas, de verdad. 
El juego simbólico y compartido, permite la socialización y ayuda a los niños a desarrollar sus capacidades creativas, la imaginación y la comunicación y expresión verbal, en los papeles que adoptan. ¡Menudos actores en potencia, tenemos en casa!


No hay comentarios:

Publicar un comentario