Claves para ayudar a tus hijos a gestionar la ira y los enfados

Me estoy leyendo una colección de la conocida autora Elsa Punset, ámbito de referencia en la inteligencia emocional, que me está encantando. Se llama Los Atrevidos, y a través de una colección de entrañables aventuras para los niñ@s se nos presenta un taller de emociones en el que toda la familia descubrirá recursos, orientaciones y pistas para mejorar nuestras emociones. Uno de los libros Los atrevidos y el misterio de los dinosaurios nos presenta claves para gestionar, poner nombre, calmar o transformar los enfados. 


La ira es una emoción básica y universal que aparece cuando sientes que tú, o algo o alguien que te importa, está siendo atacado o insultado. También es frecuente mostrar ira, muy corriente en la infancia, cuando nos sentimos inseguros, injustamente tratados o cuando se nos impide conseguir nuestros deseos o metas. Los expertos señalan que la ira es muy común y que tendemos a tener emociones cercanas a la ira, como enfado, irritación o indignación, entre 3 y 15 veces al día. Pero cómo gestionamos estas emociones explosivas varían mucho de una persona a otra y es lo que marca la diferencia. Cuando nos enfadamos, se dispara el reflejo de huir o agredir, y literalmente, nos calentamos: la ira genera un subidón de hormonas estresantes como la adrenalina y el cortisol. Es lo que el psicólogo Daniel Goleman llama secuestro emocional de la ira, una respiración automática y emocional del cerebro, que nos puede llevar a hacer cosas de las que nos arrepentimos al poco tiempo. Los neurocientíficos hablan del cuarto de segundo mágico, en el que aún estamos a tiempo de enfriar la ira y calmarnos, antes de que ésta nos secuestre. Como todas las emociones, la ira se puede aprender a gestionar y regular. La ira, puede ser incluso útil y positiva, cuando es el germen de la justicia social, porque nos da fuerza para luchar y defender por lo que creemos o de lo que somos responsables.


Claves para ayudar a tus hijos a gestionar la ira y los enfados

1. Como siempre tú eres el modelo. No importa los que les decimos que tienen que hacer, sino lo que ven que hacemos en realidad, cuando nos enfadamos.
2. Cultivar la serenidad y la calma para tener reservas en los momentos de crisis. No es un lujo, es una necesidad.
3. Hablad de todas las emociones con vuestros hijos, incluso de las más explosivas y vergonzantes, no sólo de las suyas, sino de las tuyas y de las personas que os rodean.
4 ¿Cómo reaccionar ante una rabieta de un niño pequeño? Tu hijo debe aprender que, aunque sentir ira es natural, no lo es reaccionar de forma agresiva y dañar a los demás. Baja físicamente al nivel del niño y sin gritar, con la voz más tranquila posible, dile claramente lo que ha hecho mal: "Pedro, pegar a tu hermana está mal".
5. ¿Cómo reaccionar ante la ira de un niño más mayor? Lo primero, dejarle expresar su enfado, que hable sin interrumpirle, mirándole con calma y con cariño y evitar juzgarle, practicando la escucha activa. Las habilidades y estrategias para calmarse se adquieren con la práctica y el tiempo.

Las estrategias para gestionar mejor la ira son ayudar al niño a poner nombre a sus emociones, a expresarlas de forma constructiva, no prestar atención a los comportamientos inapropiados y distraer al pequeño para llevarlo hacia comportamientos más positivos, usar el buen humor y el juego para consolar al niño, imponer consecuencias y límites a su comportamiento justos y coherentes.
Algunas de las estrategias son:
1. Inspirar y espirar para relajarse. Aprender a usar la respiración.
2. Caja para calmarse, que puede contener un peluche o manta suave, un puzzle, purpurina y tarjetones para decorar, escribir o dibujar. Para los más grandes, el cubo de Rubik o su libro favorito.
3. La torre. El niño crea una imagen visual de su problema y lo encierra simbólicamente, para distanciarse de él y reflexionar y relajarse.
4. Las cartas poderosas, con claves para gestionar y expresar mejor sus emociones.
5. El pulpo. Los niños dibujan un pulpo con ocho tentáculos. Este pulpo ha interiorizado que, cuando está enfadado, soltar tinta negra ensuciándolo todo solo debe usarse en casos muy extraordinarios, cuando quiere huir. ¿Qué puede hacer el pulpo si está enfadado y no quiere soltar la tinta para no mancharlo todo? En cada brazo, apuntamos una estrategia alternativa al uso de la tinta, por ejemplo: tumbarse, apretar los puños suavamente y soltarlos después, ir a un lugar tranquilo, meditar, respirar hondo, pensar en algo que nos hace reir o nos gusta mucho, como cantar, bailar...
6. El bote de la calma, o frasco anti-enfados. Se puede fabricar con agua y purpurina. Agitando el bote, vemos como se mueve la purpurina y recuperamos poco a poco la calma.
Otros antídotos son: contar hacia atrás de 10 a 0, porque exige concentración y aparta a la mente del niño de lo que le enfada; imaginar que somos una mosca en la pared que observa la situación: distanciándonos, evaluamos las cosas con mayor objetividad; hacer ejercicio, jugar o bailar, para soltar energía; decirse a uno mismo autoafirmaciones relajantes, como "Está bien. Cálmate. Relájate" para evitar el secuestro emocional; Tumbarse y contraer y relajar músculos; usar el mensaje del yo para evitar acusar al otro: Yo me siento mal, Yo opino que, Me gustaría que...y propongo una solución concreta; generar imágenes y pensamientos relajantes: estoy en la piscina, la playa o la montaña, abrazando a mi madre, paseando con mi perro o regando las plantas; hacer un mapa conceptual de la ira o un diario del estrés para detectar qué cosas nos enfadan más. También puedes hacer junto a tus hijos un sandwich de la paz o un sandwich de emociones variado con vuestras estrategias favoritas para hacer frente a los enfados.
Los lóbulos frontales de los niños, que es la parte del cerebro donde se genera el pensamiento secuencial, la lógica y la capacidad de prestar atención y de controlarse, están muy inmaduros hasta que no tienen al menos 6 añitos. Por eso, mucha paciencia y a entrenarse. Entre 3 y 5 años, el psicólogo Edward Christophersen aconseja que si el niño está enfadado juguemos a hacer pompas reales o imaginarias con él, así que ten a mano el pompero, cuando se avecine un berrinche. Entre los 6 y los 8 años de edad, Claudia Gaze, de Second Step, recomienda que a estas edades enseñemos al niño a cambiar el foco de atención. Si tu hijo pone nombre a lo que le enfada "Me empujan. Se ríen de mí", enseñarle a distanciarse de esas emociones negativas con autoafirmaciones "Yo puedo manejar esto. No pierdas la calma". Finalmente, ensayar formas de responder " Es mi pelota. Por favor, devuélvemela". Entre 9 y 12 años, la doctora Myrna Shure, autora del libro Thinking Parent, Thinking child, aconseja dar tiempo al niño para calmarse después de un enfado y preguntarle abiertamente qué ocurrió cuándo se enfadó y qué podría hacer si volviera a ocurrir.



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