De excursión en Laroya, en el corazón de la sierra de los Filabres

Laroya es un pueblecito precioso de casitas blancas, en pleno corazón de la Sierra de los Filabres. Con tan sólo 176 habitantes, según el último censo de 2016, y a una altitud de 860 metros y a 75 km de la capital de la provincia, Almería, es un destino ideal para pasar el verano. Tiene parque, piscina municipal, bar y varios alojamientos rurales, como Reul Alto y Picachico, una granja escuela y una fuente de agua. De calles empinadas, y callejuelas estrechas, me ha recordado mucho a Bayácal, en la Alpujarra de Almería. Es mejor dejar el coche en plaza circular y no subir con el coche, porque aunque cabe justo, las dimensiones son reducidas. La iglesia data del siglo XVI, y está construida de ladrillo rojo, que fabricaron en el mismo cauce del río del pueblo, ante la dificultad de subir a estas montañas material de construcción de otros lugares. El 31 de agosto se celebra la festividad de San Ramón Nonato, patrón de los embarazos y los partos y la reliquia con que cuenta el pueblo es visitada con mucho fervor y devoción por los futuros padres. Durante el 30 y el 31 de agosto se celebran las fiestas de moros y cristianos y se establece una batalla simbólica entre estos dos bandos para conseguir someter al contrario y apoderarse del santo.



El pueblo más cercano es Macael, a sólo 7 kilómetros, famoso por sus canteras de mármol. Nos ha encantado el pueblo, que se repobló con gente de Navarra, en tiempos de los Reyes Católicos y los detalles de las puertas de las casas, como la de los abuelos Cayetano y Mina, las letras en forja de Juana la del Molino y la pensión Catalina y la virgen de la plaza Presbítero Ramón Garrido, también, algunas puertas de madera, y las macetas que adornan las paredes y puertas de las casas.



Debajo del Ayuntamiento está el bar, como debe ser, je, je, con mesas en la puerta. Los platos tradicionales son las migas, la olla de trigo, el arroz con conejo, la fritada de Purchena, a base de tomates y pimientos, el empedrado, que es un arroz con bacalao y habichuelas, las albóndigas de bacalao y la fritá de conejo. Y como postre, mantecados, tortas de manteca, hornazos, buñuelos y roscos fritos.


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